Descripción del tímpano de Conques, capítulo 1:
Estructura del tímpano del “primer” Juicio
Los actores Las Tres eras del tiempo El veredicto Diaporamas : el jucio ; La estructura del tímpano

ACTORES DEL DRAMA

El tímpano de Conques muestra un drama escatológico: el juicio aún no está decidido, pero todos los actores de la corte están en su sitio.
Verdadera opera, pone en escena a varios actores: el Acusador (Satanás), los defensores (Santa-Fe y María), un empleado de justicia o secretario (Arcángel Miguel) y el Juez, Cristo, Rey Juez ("iudex REX ").
Los actores aparecen en un tríptico del que Cristo ocupa el panel central.

Los protagonistes del tribunal

En la archivolta del tímpano están esculpidos catorce "ángeles curiosos", curiosos por el veredicto del juicio que aún ignoran (ver La Primera Epístola de Pedro, 1,12). No nos equivoquemos. Estos ángeles no son intrusos, se están preparando para enrollar el firmamento, que "desaparece como se enrolla un pergamino." (Apocalipsis, 6, 14) Para los espectadores de la corte, el telón se levanta como en el escenario, para arrojar luz sobre la escena que se desarrolla ante sus ojos. Ellos miran con interés el anuncio del Juicio Final.
Ahora, todos los actores están en su lugar. La escena se abre sobre el mundo. El drama litúrgico de la salvación va a comenzar.

Los ángeles curiosos
Los personajes, vivos o muertos, se encuentran a ambos lados de Cristo, sea en las moradas angelicales* (también llamadas moradas del Paraíso), a la derecha o en los Tártaros*, a su izquierda (1), de acuerdo con la terminología utilizada por San Bernardo de Claraval cuando se refiere a la distribución de las almas después de la muerte: "Cuando los pecados de unos pocos, y el evidente entusiasmo por el bien de algunos otros están en juicio, entonces los primeros, sin cuidado de una sentencia inmediata a la medida de su crimen van a desaparecer en los tártaros (in Tartara deficiuntur). Los otros, con el alma totalmente liberada, ascenderán directamente y sin demora hacia las moradas preparadas para ellos (sibi Regione parata sedes)". (Diccionario de Teología de París, biblioteca Letouzey, 1931) (2).
El tímpano incluye tres mundos distintos: los tártaros, las moradas (o Paraíso) y el Cielo.

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Le Ciel

El cielo no debe ser confundido con el paraíso, el infierno es distinto del Purgatorio (o aquí del Tártaro*).
El cielo acogerá a los elegidos, resucitados en un "cuerpo glorioso", después del Juicio Final, mientras que el Infierno recibirá a los condenados, en ambos casos por toda la eternidad.
Muy diferente es la morada de los muertos, sobre todo después de las sentencias individuales dictadas al momento de su muerte, en espera del juicio al fin de los tiempos.
- El Paraíso, también llamado por los teólogos, Moradas Angelicales o moradas del Paraíso, es la estancia transitoria de los benditos entre los dos juicios;
- El purgatorio es el lugar de la penitencia para pecadores que serán salvados al final, pero que están sometidos a pruebas de purificación hasta entonces.
- Por último, una región de los Tártaros podría ser también el lugar donde las almas culpables que no pueden ser salvadas esperan el Día del Juicio Individual y la condenación eterna, ya que estarán realmente arrojadas al infierno. Desde este punto de vista, aparte de los demonios que habitan en él, el infierno estaría vacío por el momento, pero no todos los teólogos están de acuerdo en esto.


LAS TRES ERAS DEL TIEMPO
El tímpano representa la ciudad o la morada de Dios. Está compuesto por el Cielo y la Morada de los Tártaros (porque Él gobierna sobre todos los mundos). Todos sus habitantes (muertos, vivos, pecadores, santos, elegidos, ángeles y demonios), están repartidos en tres capas colocadas verticalmente y correspondientes a las tres eras del tiempo: pasado, presente y futuro.


Los tres niveles del tiempo: Futuro, Presente, Pasado
  • En el nivel más bajo, se encuentra el “aquí” del pasado con:
    - Los personajes de los tiempos bíblicos ubicados en el limbo* (o la estancia de los patriarcas del Antiguo Testamento), representado por seis arcos a la derecha de Cristo;
    - Los muertos arrojados a los tártaros * (el infierno que pronto se llamará Purgatorio *) a la izquierda.
  • En el escenario central, el presente, el “aquí” de los vivos, con:
    - Las figuras clave de la era cristiana y la iglesia en procesión alineada del lado de las moradas*;
    - Los vivos, amontonados con sus ignominias del lado de la "almacen" del Diablo.
  • En la parte superior: el cielo del futuro después del Juicio. Es el cielo, la eternidad, la perennidad. Se representa con la Cruz Gloriosa, las estrellas floridas del cielo nuevo (o el sol y la luna antes de la ruptura del sexto sello del Apocalipsis que no han sido oscurecidos o ensangrentados todavía), las ondas paternas, y los ángeles soplando en sus trompetas (Con su vestido bordado de misteriosas inscripciones).
    Se observa que Cristo abre una brecha entre el nivel mediano (el presente) y el superior (el futuro), como perteneciendo al uno y al otro, la Parusía pudiendo ser considerada también como "un eterno presente ", o incluso a la vez como un "ya-ahí y un todavía-no-ahí. "
    Cristo pertenece a la vez al tiempo terrestre, el tiempo histórico, humano, y al tiempo celestial, que se puede medir (de la misma manera que las distintas fuerzas de de la justicia y de la Gracia Divina están inextricablemente unidas por su encarnación). El cielo es por el momento (o cuando menos el del reloj terrestre) habitado únicamente por los ángeles que aparecen bañados en las ondas del Padre; los elegidos, ahora colocados en moradas, solamente accederán al cielo al final de los tiempos, después del Juicio Último.

La morada tridimensional de Dios, se despliega en dos alas laterales: las "Moradas" y los Tártaros. Muestra ante nuestros ojos un calendario escatológico real de la historia con una procesión de personajes sabiamente alineados a la derecha del Mesías; evocan la obra de la Iglesia, que se erige sobre la base de los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento representados en el Limbo, en el nivel bajo. También es un fresco "barroco" y fascinante del presente, con la densa maraña de personas en el bullicio a la izquierda de Cristo


La Eternidad, los tiempos nuevos y los vivos, el pasado y los muertos


Primer Juicio (o juicio privado, no "último")
Volveremos detalladamente sobre los personajes en las páginas siguientes (juez, ángeles, intercesores, oficiales elegidos, probados del Tartaro*...), pero por ahora, presenciemos el juicio que tiene lugar ante nuestros ojos, porque es verdaderamente un juicio lo que acontece bajo los pies de Cristo. Pero este es el Juicio privado*, el que acaece para todos en el momento de la muerte, podríamos decir todos los días, por lo menos antes del Juicio último al final de los tiempos. Estamos siendo testigos del primer juicio de una persona fallecida, tomado como un ejemplo entre otros. Podría ser el nuestro. Hoy.
Este no es el Cristo que "juzgará a los vivos y a los muertos", toda la humanidad, al final de los tiempos en el último Juicio. Pero es de todos modos un juicio clave de prueba, incluso si es temporal, y que resulta de una disputa entre ángeles y demonios, como ha sido señalado por Le Goff (3).

EL VEREDICTO
veamos este primer juicio. ¿Cuál será la sentencia? ¿Gracia o condena? ¿Qué criterios prevalecen: la Ley, o la fe?
Veamos bien...

Pesaje paradójico.
Los dos platillos de la balanza del alma están grabados con figuras casi invisibles para el espectador en el suelo, pero conocidas por los iniciados (lo cual sugiere un comentario oral del tímpano por un clérigo que preside sobre una liturgia dramática).
Estas figuras en el platillo que se inclina hacia el ángel (aunque casi carente de méritos) representan dos cruces potenzadas;
El platillo del lado del diablo está totalmente ocupado por la cara de un hombre (muy agobiado por sus pecados) (4). Paradójicamente, el lado angelical es el más ligero. El diablo trata de restaurar la carga lógica del pecado, que debería inclinar la balanza de su lado, no del lado angelical. Pero no será así porque a los ojos de la justicia divina, la fe de los fallecidos y las Gracias* del Señor, representadas por la cruz, son muy superiores a las debilidades de nuestro difunto.
En este caso, la victoria sobre el diablo no es demorada hasta el final de los tiempos. Se logra desde ahora, en el momento de la muerte.


Lucha por el alma de los fallecidos entre el ángel y el diablo en el psicoestasia* (3)
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Sigamos el alma del difunto después de su juicio...  
El alma desciende a las puertas del Tártaro a través de una trampa *.
L'âme du défunt tombe par la trappe devant la Porte du Tartare Le diable tricheur Pase el ratón sobre la imagen para ver los detalles

Ella cae a los pies de Caronte, que, como en la mitología etrusca, está armado con un palo y mete a los muertos en las fauces de Cerbero. (5)
Sí, pero ésta no es la única manera de terminar!
Detrás de Caronte, la puerta que separa el Tartaro* de las Moradas* no es hermética. La concesión de la misericordia divina es renovada y un nuevo ángel salva a una alma de las garras de Caronte. Este ángel hace también un poco de trampa, robando el alma de un difunto en las narices de Caronte! Es el celo mencionado por J. Le Goff. (Ver nota 3)
En las palabras de un teólogo de la época, aun si el ángel se ha equivocado en su elección, San Pedro no lo culparía si lo hiciera a favor de un condenado a las pruebas del Tártaro*. El ángel guiando al elegido que arranca al demonio se da la vuelta y se enfrenta a Caronte, que se voltea, engañado, furioso, pero impotente.


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Un alma va del Tártaro a las Moradas
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Antes de seguir a las almas de los elegidos*, en las Moradas angélicas y las de los probados en el Tartaro, detengámonos un momento en el personaje principal, el Cristo de la Parusía, que ocupa el centro del tímpano.

Capítulo siguiente: 2) la Parusía triunfal y la diagonal de la Gracia


(1) N. B. El tímpano es un espejo. El Tártaro, que aparece a la izquierda de Cristo está por lo tanto, a nuestra derecha. (Volver)

(2) La palabra Tártaro se usará todavía un siglo después de la construcción del tímpano de Conques, por Geoffroy de Poitiers (muerto en 1231) cuya descripción del Purgatorio es citada por Jacques Le Goff: "Hay varias Moradas en el purgatorio: algunas son llamadas los lugares oscuros de las tinieblas, otras mano del infierno, otras boca de león, otras Tártaro". (J. Le Goff, El nacimiento del purgatorio, Folio Historia, ed. 2002). En Conques, se nota también el uso de Tártaro en plural (Tartaros). Véase la definición en el glosario. (volver)

(3) Se puede encontrar en los escritos de Jacques Le Goff, una definición particular del juicio privado que es un excelente resumen del tímpano de Conques: "(el) juicio futuro, el último, el juicio general sólo ofrece dos posibilidades: la vida o la muerte, la luz o el fuego eterno. El Purgatorio depende de un veredicto menos formal; un juicio privado inmediatamente después de la muerte; la imaginería medieval tiende a representarlo como una lucha por el alma de los fallecidos entre los ángeles buenos y malos, los demonios y los ángeles. Como las almas del Purgatorio son almas elegidas, se salvan al final, dependen de los ángeles, pero están sujetas a procesos legales complejos. Ellas pueden beneficiarse con una reducción de pena, de una liberación anticipada, no por su conducta personal, pero debido a la intervención externa, a los votos. La duración de la pena depende entonces, además de la misericordia de Dios, simbolizada por el celo de los ángeles para sustraer a las almas de las manos de los demonios, de los méritos personales del difunto durante su vida y de los logros de los votos de la iglesia obtenidos por los parientes y amigos de los fallecidos". (Jacques Le Goff, El nacimiento del purgatorio, Gallimard, Folio Historia, 1981.
Además, encontrará en la pregunta 5 FAQ un resumen de los argumentos que abogan en favor del juicio privado. (volver)

(4) La presencia de un rostro humano en el platillo de la balanza se convertirá en un tema clásico a menudo repetido en la época gótica.
Así, por ejemplo, en el Juicio Final de Chartres, "hay dos cabezas humanas sobre el platillo, una expresa tranquilidad y la otra, terror" (Yves Delaporte, revisión del Último juicio de Chartres ). Esta coincidencia justifica la opinión de Emile Male, quien vio en el tímpano de Conques el origen de los tímpanos góticos de Ile de France. También se encuentra el mismo sesgo a favor de la salvación en las psicoestasias* de las catedrales de París y Amiens.
Sin embargo, a diferencia, por ejemplo, de la representación en el portal del Santísimo Salvador de Amiens, la cara del hombre de Conques no expresa terror por la sentencia (ver ilustración). Simplemente pone de relieve el misterio de la Gracia* Divina que supera el peso del mal.
En cuanto al equilibrio, al vacío y a los contrapesos, sorprende la pertinencia de los escritos de Simone Weil sobre el genio del arte oc y románico: "[La esencia de la inspiración Occitana] brilla en el arte románico. (...) La arquitectura no se interesa por el poder o la fuerza, sólo busca mantener el equilibrio. (...) La iglesia románica está suspendida como una balanza alrededor de un punto de equilibrio, un equilibrio que se basa únicamente en el vacío. (...) Esto es lo que se requiere para encerrar esta cruz que solía ser una balanza en la cual el cuerpo de Cristo era el contrapeso del universo." (Simone Weil, bajo el pseudónimo de Emile Novis, en "El genio de oc”, Cahiers du Sud, Marseille, 1943)
La présence de visage humain dans la balance deviendra un thème classique, souvent repris à l'époque gothique. (volver)

(5) Nosotros preferimos llamar Cerbero en vez de Leviatán al monstruo que cuida la puerta del Tártaro, porque como veremos más adelante, en el tímpano las referencias a la antigüedad greco-romana son numerosas. (volver)

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